Después de 1898, el gobierno llevó a cabo
algunas reformas para intentar regenerar el sistema, pero nunca con la idea de transformar radicalmente la estructura política. A esas políticas de reforma
se les conoce como revisionismo político, y fue intentado tanto por los
conservadores como por los liberales.
Los gobiernos conservadores tuvieron una gran iniciativa reformista, que empezó durante los últimos
gobiernos de la regencia, dirigidos por Francisco Silvela junto con el general Polavieja. Así, pusieron en marcha una legislación social, realizaron proyectos para la descentralización del Estado y reformaron la política presupuestaria para paliar los efectos de las pérdidas coloniales.